Liga Baloncesto Puerto Rico Femenino 2026
Natural de Barranquitas y graduada en Química de la Universidad Interamericana de San Germán, Ortiz Ríos lleva dos décadas en el baloncesto y una en construir algo más que estadísticas: unión familiar.
Armadora de las Gladiadoras de Adjuntas, próxima a pasar su reválida en Química, y ya entrenando a la próxima generación en su pueblo natal, Wilmarie es el retrato de la jugadora moderna boricua: estudiada, leal y con hambre de ganar.
"Todas estamos en la misma página: queremos ganar y para eso hay que trabajar para seguir subiendo el nivel de juego."
Simultáneos
Una jugadora de tres frentes
Wilmarie no es solo una atleta. Es simultáneamente jugadora profesional, estudiante universitaria y entrenadora en formación, un balance que habla de una vocación de servicio que trasciende la cancha.
El baloncesto femenino en Puerto Rico vive un momento sin precedentes. Clasificaciones mundiales, avances en torneos del Caribe y las Américas, y una nueva generación de jugadoras que no solo sueña con el triunfo sino que lo trabaja. Wilmarie Ortiz Ríos forma parte de ese movimiento, aunque su historia comenzó mucho antes de que los reflectores se encendieran sobre la disciplina.
A los cuatro años ya dribbleaba en los torneos de colores de Barranquitas, compartiendo cancha con varones porque la categoría así lo disponía. Aun en esa corta edad, los entrenadores se fijaban en ella. Ese talento precoz la llevó a las filas de las Vaqueras de Bayamón en las categorías infantil y juvenil, y eventualmente a la Escuela Deportiva ECEDAO en Salinas, donde coronó un campeonato nacional escolar.
Su debut profesional llegó con las Cafetaleras de Yauco en el Toronto Superior Femenino. Pero el capítulo que marcaría su carrera comenzó cuando la Liga Baloncesto Puertorriqueña Femenina (LBPF) tocó su puerta de una manera inesperada: nadie quería contratarla.
"Hice el acercamiento a casi una docena de quintetos, pero ninguno mostró interés", recuerda sin amargura. Fue entonces cuando el Prof. Edwin Peña, su coach en la Inter de San Germán, la llamó a los tryouts de las entonces Soles de Adjuntas. Peña, quien conocía de primera mano el calibre de su juego, no dudó en darle el chance a pesar de que los compromisos universitarios le impedían llegar puntual a las prácticas.
Hoy, ese acto de fe se ha convertido en una de las historias de fidelidad más llamativas de la liga. Las Soles se convirtieron en Gladiadoras, llegaron nuevos apoderados y dirigentes, pero Wilmarie Ortiz Ríos sigue ahí. Su nuevo apoderado Luis Quiñones, quien la trata "como una hija", confirma lo que todos en Adjuntas ya saben: "Es nuestra jugadora franquicia, no hay duda de eso".
La nueva temporada llega con un reto interesante: Wilmarie, con sus 24 años, es la jugadora de mayor edad en un plantel notablemente joven. Lejos de intimidarla, eso le da propósito. "Siempre me ha gustado enseñar", dijo. Y lo practica también fuera de la cancha, dirigiendo dos categorías en la liga de su pueblo natal.
!doctype>



0 Comentarios