Memoria del Consumidor Ponceño
Las haciendas que hicieron a Ponce, y los hombres y mujeres a quienes nunca les preguntaron.
Antes de que hubiera consumidores en Ponce hubo caña, hubo trapiches, y hubo un sistema construido sobre el trabajo forzado de miles de africanos y sus descendientes. Esta es la historia detrás de los apellidos que todavía caminan por nuestras calles.
El azúcar no se movía solo.
Ponce, la Perla del Sur, no creció por casualidad. Creció porque alguien sembró caña, alguien la cortó, alguien la molió en el trapiche, y alguien más se quedó con la ganancia. Ese “alguien” que cargó el peso real de esa economía fue, durante más de tres siglos, una persona esclavizada.
La industria azucarera puertorriqueña tuvo un segundo gran auge a finales del siglo XVIII, y recibió un empujón brutal cuando la revolución de esclavos en Saint-Domingue —hoy Haití— paralizó la producción azucarera de esa isla entre 1789 y 1804. El mundo se quedó sin azúcar de la noche a la mañana, los precios se dispararon, y Puerto Rico —con Ponce a la cabeza del sur— entró de lleno a llenar ese vacío.
Para 1840 había más de 700 haciendas azucareras en la Isla. Un esclavo joven se compraba, a principios del XIX, por entre 200 y 250 pesos plata. No era solo mano de obra: era capital. Se compraba, se vendía, se heredaba, se hipotecaba junto con la tierra.
Un pueblo de inmigrantes que se hicieron hacendados.
Lo que sorprende al leer el registro de las haciendas ponceñas es cuán pocos de sus dueños eran, en realidad, de aquí. Ponce se llenó de comerciantes irlandeses, alemanes, franceses de Saint-Domingue, catalanes y holandeses que llegaban —muchos de ellos— vía Saint Thomas, el gran puerto libre del Caribe, o huyendo directamente de la revolución haitiana.
Los hermanos Josiah y Robert Archbald, irlandeses procedentes de San Eustoquio, fundaron la hacienda La Cintrona en el barrio Capitanejo y en 1823 instalaron ahí la primera máquina de vapor de Puerto Rico para mover un trapiche azucarero. Guillermo Dubocq, francés emigrado de Saint-Domingue, llegó a Ponce escapando de esa misma revolución que había disparado los precios del azúcar que ahora él vendría a producir con mano de obra esclava.
Fernando Overmann y Guillermo Voigt, ambos alemanes que llegaron desde Saint Thomas, no solo fueron hacendados: se dedicaban explícitamente a comprar esclavos a comerciantes de esa isla para revenderlos en Ponce. Lo mismo hacía Gaspar Duprel, socio de la firma Duprel y Saubot, identificados directamente como traficantes de esclavos.
El Registro Central de Esclavos de 1872, la fuente detrás de esta lista de nombres, se levantó apenas un año antes de la abolición, como consecuencia de la Ley Moret de 1870, que había comenzado a liberar a ciertos sectores de la población esclava. Por eso los historiadores lo consideran el último retrato documentado, casa por casa, hacienda por hacienda, de nuestros ancestros esclavizados. Incluye nombre, país de origen, edad, oficio, estado civil y el nombre del amo — un tesoro genealógico para cualquier ponceño buscando sus raíces.
Nombre, barrio, y cuántas vidas.
Así aparecen consignados en el Registro Central de 1872 algunos de los hacendados más grandes de los barrios rurales de Ponce. Detrás de cada número hay decenas de personas con nombre propio que la historia oficial no registró.
69 ESCLAVOS · BO. VAYAS · 1872
62 ESCLAVOS · BO. VAYAS · 1872
Esta es solo una muestra. El documento completo registra más de cuarenta hacendados distintos a lo largo de los 31 barrios de Ponce — muchos con nombres que hoy reconocerás en calles, urbanizaciones, marcas y familias enteras del sur de la Isla.
Apellidos que perduran
Si tu apellido está en esta lista —o si lo reconoces en tu familia extendida en Ponce— no es coincidencia. Muchos descendientes de personas esclavizadas heredaron, como era práctica común en la época, el apellido del hacendado que los tuvo en propiedad. Es una de las razones por las que la genealogía afropuertorriqueña, aunque dolorosa de rastrear, a menudo empieza precisamente en documentos como este.
No todos vendían azúcar. Algunos vendían personas.
Dentro del mismo registro hay una categoría más oscura todavía: hacendados cuyo negocio principal, documentado explícitamente por los historiadores, era la trata misma. Arthur Rogers, norteamericano yerno de Gregorio Medina, traficaba esclavos junto a James Atkinson antes de heredar el manejo de la hacienda Vayas. Juan Mateo Souffront, comerciante francés de Saint Thomas, fue socio de Juan Antonio Cassaigne de Martinica específicamente en la trata, vendiéndole personas esclavizadas a Overmann y Voigt antes de comprarles a ellos su participación en la hacienda La Constancia.
Esto no era un negocio marginal ni vergonzante para la época: los grandes comerciantes y almacenistas de Ponce eran, con frecuencia, también traficantes. El azúcar y la trata de personas eran, literalmente, la misma cadena de suministro.
Y hay que decirlo con la misma honestidad con la que se cuenta el resto: los esclavizados de Ponce no esperaron pasivamente la abolición. Desde finales del siglo XVIII hubo fugas hacia el cimarronaje y rebeliones dentro de las haciendas. A mediados del XIX ese impulso encontró aliados entre reformistas y revolucionarios puertorriqueños —con el Dr. Ramón Emeterio Betances como su voz más firme— hasta que la esclavitud fue finalmente abolida en Puerto Rico el 22 de marzo de 1873.
La memoria también es un acto de consumo consciente.
En Megapagepr.com hablamos todos los días de gastar bien, de saber a quién le compramos y por qué. Pues bien: entender de dónde viene la riqueza de una ciudad —quién la construyó, con qué costo humano, y quién se benefició— es la forma más profunda de consumo consciente que existe.
Ponce no se puede entender sin el Castillo Serrallés, sin sus centrales, sin sus apellidos fundadores. Tampoco se puede entender sin nombrar, con el mismo respeto con que nombramos a los hacendados, a las decenas de miles de africanos y afrodescendientes cuyo trabajo forzado hizo posible todo lo demás. No tenían nombre en la mayoría de estos documentos. Tenían un número, un precio, y un barrio. Nombrarlos —aunque sea reconociendo el silencio que dejaron los registros— es lo mínimo que les debemos.
El Podcast del Consumidor Inteligente Puertorriqueño
- Registro Central de Esclavos, 1872 (Puerto Rico) — National Archives, Records of the Spanish Governors of Puerto Rico
- Neuman Gandía, Eduardo. Verdadera y auténtica historia de la ciudad de Ponce (1913, ed. facsimilar 1987)
- Pérez Vega, Ivette. El cielo y la tierra en sus manos: Los grandes propietarios de Ponce, 1816-1830 (1985)
- Scarano, Francisco A. Haciendas y barracones: Azúcar y esclavitud en Ponce, Puerto Rico, 1800-1850 (1992, Ediciones Huracán)
- Ramos Mattei, Andrés (ed.) Azúcar y esclavitud (1982, Universidad de Puerto Rico)
- EnciclopediaPR — “La esclavitud en Puerto Rico”
- Claridad — “Betances y la abolición de la esclavitud en Puerto Rico en 1873”
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